A las chirimías se les respeta

6 enero, 2019 Por administrador

Por:  Albeiro Napoleón Tobar

Fue el 5 de enero de 2019. Dicen los que estuvieron atentos a este encuentro de las mejores chirimías, que fueron llegando lentamente, con sus flautas y tambores y charrascas y maracas y bombos, a la plazoleta de la Iglesia de San Francisco.
Dicen que el sol iluminaba intensamente todo y el azul del cielo, era la marca indeleble de este firmamento patojo, que parecía cubrirlos y protegerlos.
Llegaron los más antiguos y los jóvenes, los que vestían un blanco impecable y un verde color esperanza. Llegaron unos con sus camisas floripepeadas y otros, con el azul del paraíso aterrizado en sus vestimentas.
Dicen que llegaron las chirimías patojas y las chirimías del Sur. Y cuentan los que saben de las historias mágicas que suceden en las calles de Popayán, que dos carteles hechos con letras de múltiples colores en frágiles pendones de papel decían: “La chirimía se respeta” y “Somos chirimeros, guardianes de la tradición, no artistas de segunda categoría”
Cuentan que, al ir llegando cada chirimía, se sentía una alegría muy grande: la convocatoria había superado las expectativas. Frente a una propuesta grosera en lo económico que la administración municipal a través de un operador de otro lado les había hecho para participar en la Fiesta de Reyes, estas decidieron protestar como solo ellas saben hacerlo: con música. “Nunca más a las chirimías se les tratará como artistas de segunda categoría”. Irrespetar a las chirimías, es irrespetar la cultura de todo un pueblo. Las chirimías, por las historias inmersas de luchas y alegrías que llevan, incluso pueden considerarse como patrimonio inmaterial de la humanidad, único e irrepetible.
Iniciaron caminando lentamente un desfile maravilloso musical. que pasó por las plazoletas de las iglesias: San Francisco, San José, San Agustín. Y al pasar por el Parque de Caldas, espacio en donde se desarrollaba la actividad cultural de la Alcaldía, silenciaron sus flautas, tambores, maracas, charrascas y bombos, las levantaron en sus brazos y atravesaron este Parque donde muchas veces se les ha prohibido tocar, ¡simplemente diciendo “¡que viva la chirimía!”
Terminando su paso por el Parque, ya en la calle cuarta, y frente a la Alcaldía Municipal, como si fuera un concierto dirigido por el mejor director, todas las chirimías que habían llegado a esta Protesta Cultural, tocaron al unisonó una de las piezas más maravillosas del arte chirimero: El Sotareño”
La alegría musical desbordó cualquier sentimiento, y por las calles, como es el arte de la chirimías, se dirigieron a la Plazoleta de Santo Domingo, donde la Universidad del Cauca, fiel a su lema “posteris lumen moriturus edat” las acogió en su sede y abrió sus puertas a esta maravillosa expresión de la cultura popular caucana.
Dicen los que estuvieron desde el comienzo hasta el fin, que lo que siguió en aquel pequeño escenario, donde ninguna de las chirimías participantes cobró un solo peso, que lo que siguió fue la expresión más viva, jamás vista de las chirimías en los últimos tiempos: las flautas no dejaron de sonar hasta casi las diez de la noche. Cada chirimía que acompañó esta protesta cultural, tocó tres piezas, en las que lo dejaban todo: el alma, el corazón, su esencia, su historia y su razón de ser. Era la dignidad de las chirimías la que estaba en juego. Y dicen los entendidos en las artes musicales, que lo que sucedió en la pequeña plazoleta de la Universidad, en Santo Domingo, superó con creces a lo que sucedía en el Parque Caldas. Con una gran diferencia: allí en Santo Domingo estaba el alma de la chirimía, y no costó un solo peso. Allá, en el Parque Caldas, estaban otros artistas igual de respetables, y allá estaban todos los recursos y muy seguramente… a los artistas se les pagó muy mal.
Cuentan que fueron mas de doce chirimías…. Las mejores… dicen que terminado el evento, todas ellas tocaron El Sorateño y dicen los que saben de atardeceres, noches y leyendas, que demostrando una alegría más allá de lo posible de creer, más allá de lo racional, en el cielo nocturno de ese Popayán, exactamente a esa hora: 9:28 de la noche de un 5 de enero de 2019, se empezaron a observar, un sinnúmero de pequeñas lucecitas danzantes, que parecían seguir el ritmo chirimero.
Eso dicen los que vieron nacer aquel 5 de enero de 2019, la Asociación de Chirimías del Cauca, ASOCHICA, como una juntura por el Arte y la Dignidad de las chirimías….
Eso dicen los que estuvieron allí, aquel día único e irrepetible para las chirimías caucanas, y en algún momento, elevaron la mirada al infinito… Eso dicen…